Aunque, como buena sagitario, tengo madera de amado y respetado timonel, si voy a manifestaciones y otros actos de carácter masivo, tengo a bien mezclarme con el gentío, adoptando sus pegadizos cánticos con fervor. Lo que viene a ser que, allá por mayo del año pasado, cuando me dio por esto del politiqueo y el activismo chic (pertenezco a la generación del cursilísimo "Dormíamos, despertamos", y a mucha honra) me sorprendí a mí misma gritando cosas como "¡Qué viva la lucha de la clase obrera!", cuando en casa hemos sido pequeñoburgueses de toda la vida de Dios.
Filósofa Frívola cuando era una pequeña burguesa
He de admitir que no tuve muy claro en qué consistía eso de la pequeña burguesía hasta bien entrada la veintena: me pasé toda la infancia creyendo que mis padres me llamaban "pequeña burguesa" con retintín, en plan "qué tiquismiquis eres, cariñín". También cabía la posibilidad de que, al cumplir los dieciocho, y midiendo ya más de un metro setenta, me pusieran las maletas en la puerta, despidiéndome con un "Mírate, ya estás hecha toda una burguesota, ha llegado el momento de salir al mundo a buscarte las habichuelas".
Pero resultó ser que la pequeña burguesía era otra cosa, una especie de ni chicha ni limoná de las clases sociales en la que yo no me sentía nada a gusto, porque mi familia es oriunda del Valle del Kas, y lo más hip por aquellos lares es ser proletario, tener carnet del Rayo, ir a tomar unas cerves al Hebe y demás parafernalia obrera.
A causa de este cacao referencial y este penoso desarraigo, andábame yo a las manis del 15M a echarles la bronca light, de buen rollo, a los punkis descamisaos del megáfono. Les decía que no, que no, que no me representaban, porque yo no era de clase obrera, pero que las ETTs que nos puteaban y ansiábamos ver arder eran las mismas. Les explicaba que el proletariado y la pequeña burgesía habían pasado a ser prácticamente una y la misma cosa, como en los países "en vías de desarrollo", en los que sólo hay ricos y pobres. Como solían responderme con gestos de no entender bien mi idioma, un día ya por fin opté por mimetizarme y dejarme de gaitas.
A partir de ese momento, obrera como la que más: mis padres, comprensivos, no me desheredaron cuando les conté lo de mi nueva confesión, y pude, por fin, desgañitarme sin pudor coreando aquello de "¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!", habiendo dejado de formar parte de la segunda categoría hacía ya unos añitos.
Atardecer vallecano
Seamos sinceros: ¿a quién no le ponen un poco berraco las consignas revolucionarias? Lemas tan contagiosos y excitantes, como ese de "¡que no, que no, que no tenemos miedo!" ¿Cuántos de vosotros habéis pensado "pues yo al igual un poco sí, ¿eh?". Mi bocaza de nimileurista cabreada extiende cheques que el canguelo de estar en primera línea de artillería no puede pagar. Así que, mientras todos gritáis con gran convencimiento y firmeza, manos en alto, frente a esos que eran hombres y ahora son polis, yo hago playback. Y me suelen temblar las rodillas.
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Sin embargo, me hallo aquí hoy para hablaros de otro tipo de miedo, uno que roza la paranoia Minority Report, o algo de eso futurista: V de Vendetta, monitorización en redes sociales, niñas, esconded las convicciones políticas que viene el de Recursos Humanos.
El martes 27 de marzo me entrevistaron en Canal Extremadura radio, en el magazine matinal "El sol sale por el oeste". Me comentaron que habían descubierto el vídeo de Loewe, que mi blog les había resultado curioso y que querían saber más de mí: I just can't get enough of that wonderful Filósofa Frívola. La cosa fue bastante bien, muy tranquilito y moderado, hasta que uno de los conductores del programa hizo la siguiente semi-afirmación, dejándome en estado de catacrockerción:
Conductor del programa: Lo que pasa es que luego habrá trabajos en los que te costará defender el blog, ¿no?
Mi menda: Eh, ¿cómo? ¿a qué te refieres?
Conductor del programa: No sé si habrá trabajos en los que te digan que un blog de ese tipo es demasiado radical...
PROBLEM, RECURSOS HUMANOS?
(Si queréis oír lo que le contesté, y creo que merece la pena, aquí podéis escuchar la entrevista completa a partir del minuto 36.)
Aún no he parado de reírme. ¿Defender el blog? ¡Como si del honor de Genevieve se tratara! Al parecer ahora en las entrevistas de trabajo, en lugar de preguntarte si planeas quedarte embarazada, te interrogan con ahínco para que confieses si escribes un blog radical. Vamos, que puedes ser el mejor analista de sistemas de la provincia, pero ojito con hacer una crónica de tus vacaciones en Cuba, no vaya a ser que el jefe sea fans de Los Clones de Intereconomía (paradójicamente el único programa que no hace gracia de toda la parrilla de la cadena).
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Unos días después, trasteando en twitter, comprendí lo que me quiso decir el señor conductor del programa. Me encontré con el caso de Sara Solomando, presentadora del magazine "Ahora Extremadura", que se emite en Canal Extremadura TV, despedida al resultar "incómoda y peligrosa" a la productora responsable del programa, que ya trabajaba con el canal en tiempos del PSOE, y ahora, con el PP al mando, no tiene intención de arriesgarse a perder el contrato. Vamos, el clásico chaqueterismo empresarial que se cobra una víctima en forma de purga ideológica.
Al final resultó que el señor conductor del programa de Radio Extremadura no iba tan mal encaminado: ¿en cuántas ocasiones no nos darán una oportunidad por considerarnos peligrosos o poco afines a la ideología del medio/empresa? Ser antivida y quemar iglesias no tiene por qué ser óbice para realizar nuestro trabajo, cualquiera que sea, con exquisita profesionalidad.
¿Qué ocurrirá cuando manchemos nuestros impolutos antecendentes penales con un delito de terrorismo por agitar las manitas en una asamblea de la comisión de reiki? Y lo que es peor, ¿cuántos camaradas cuestionan mi compromiso político por haber presentado un programa junto con Russian Red? Sois de traca.
Todo mi apoyo y cariño a Sara Solomando. No estás sola. Y no olvides que no, que no, que no tenemos miedo.